Un anuncio actual de televisión nos ha refrescado y recordado el “Efecto Pigmalión”.

Si nos metiéramos 30, quizás 40 personas, en una habitación y nos preguntarán, cuántos de vosotros os habéis caído después de que vuestra madre os repitiera una y otra vez: te vas a caer, te vas a caer, te vas a caer… y después de un buen golpe habéis oído: “Ves ya te dije que te ibas a caer”, seguro que todos levantaríamos la mano.

Todas las personas aceptamos y asimilamos el concepto que tenemos de nosotros mismos a través de lo que recibimos de los demás, de sus palabras, gestos y actuaciones, esto es precisamente el Efecto Pigmalión.

El publicista, o agencia de publicidad que hay realizado el anuncio, se ha basado en el experimento que Robert Rosenthal, psicólogo estadounidense, y Lenore Jacobson, docente estadounidense, llevarón a cabo en un aula de una escuela de California en los años 60.y  demostraron la importancia que representa la influencia psicológica que los docentes ejercen en sus alumnos para acelerar el proceso de la enseñanza-aprendizaje en los estudiantes.  Los experimentos se centraron en pasar una prueba de inteligencia a un grupo de jóvenes seleccionados en forma aleatoria, sin conocerse su grado de inteligencia, pero se explicó con anterioridad a los profesores que tenían un alto coeficiente intelectual. Tras los estudios realizados ser realizó informe publicado en 1968, conocido con el nombre “efecto Pigmalión”, que reflejaba que las expectativas positivas depositadas por los docentes en sus alumnos constituyen un factor determinante para el éxito de los estudiantes, tanto en su desarrollo académico como en el psicosocial.

Sin duda la responsabilidad que tenemos hacía los demás puede ser determinante para aquellos que nos rodean, nuestras palabras y actuaciones tienen más poder del que nos imaginamos.

Con mensajes constructivos y motivadores conseguiremos efectos deseados y espíritu de superación, con mensajes y palabras negativas el efecto, sin duda alguna, pueden generar comportamientos no deseados, merma de confianza y autoestima.

Pero cuidado, los mensajes positivos deben ser reales, no es conveniente crear metas irreales que pueden dar paso a grandes frustraciones.

 

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