Mindfulness en la práctica clínica (2ª parte)

 

En el último artículo poníamos de relieve como característica común en las terapias de tercera generación la necesidad de una mayor conciencia del sujeto sobre su propia experiencia subjetiva.

Es precisamente en este darse cuenta de nuestros hábitos cognitivos y emocionales, y en la necesidad de ser conscientes de la experiencia subjetiva, en la que el mindfulness tendrá un papel muy relevante para el desarrollo de esta conciencia reflexiva, como estado de conciencia, no reactivo y sin prejuicios, de aceptación y observación de la experiencia tal y como es en el momento presente y que ofrece las condiciones para que la observación de la experiencia sea terapéutica (Miro, 2012), es decir, la práctica del mindfulness permite: atender a lo que ocurre en el momento presente, desarrollando la persona la habilidad de tranquilamente apartarse de los pensamientos y sentimientos durante las situaciones de estrés en lugar de engancharse en preocupaciones ansiosas o otros patrones negativos de pensamiento (Bishop, 2002).

Además, es importante como elemento psicoeducativo en la introducción del mindfulness a la intervención clínica y en determinados tratamientos en los que éste se incluye (Miró, 2011), explicar al paciente no solo el concepto de mindfulness y sus componentes, sino también lo que mindfulness no es, para evitar confusiones y malentendidos, por parte de éste. Así pues, y de acuerdo con Miro (2012) y extraído de Germer, 32, es importante informar al paciente de que mindfulness no es dejar la mente en blanco, ya que no se trata de no pensar en nada, si no de que nuestro contenido mental no nos perturbe aunque acontezca. No entra en conceptos religiosos o místicos, simplemente se trata de una práctica laica que permite no tener que evitar nuestra realidad presente. No es huir del dolor, sino de la resistencia psicológica ante este, la cual provoca una intensificación del mismo convirtiéndolo en sufrimiento. No se trata de suprimir las emociones, sino aceptarlas y tratarlas con bondad. No es una técnica de control, se trata de alcanzar un estado mental más allá del miedo en el que no hay necesidad de controlar permanentemente. No es ”pensamiento positivo”, se trata de ir más allá de cualquier pensamiento o juicio de valor. Los pensamientos deben estar tratados como eventos mentales transitorios y por último, no es autorreferencial, es decir, se puede ser muy consciente de sí mismo y no estar practicando mindfulness, el cual se realiza sin juicios ni expectativas.

Siguiendo a Miro (2012) y respecto a la intervención en la práctica clínica, debemos tener en cuenta que el mindfulness per se no cambia la experiencia, lo que hace es hacerla consciente, permitiendo profundizar en esta, desde una perspectiva objetiva y desapegada que resulta crucial, para poder observar la formación de las propias reacciones problemáticas, así como las motivaciones que las acompañan.

Sera necesaria por lo tanto, la construcción conjunta de un espacio entre terapeuta y paciente, dentro del cual, se van haciendo evidentes los problemas, dificultades y malestar del cliente, es decir, lo que requiere ser transformado en la vida de éste, ofreciendo el terapeuta las condiciones que se consideren necesarias para el cambio: la aceptación incondicional, la empatía y la congruencia.

La práctica del mindfulness, tanto por parte del terapeuta como del cliente, facilita la observación no reactiva los estados negativos y no deseados, por una parte y por la otra contribuye a detener la tendencia a la evitación, ambas necesarias pera poder ver la experiencia problemática a medida que surge en el nivel no-conceptual. Por tanto, lo que es relevante para transformar la experiencia, es darse cuenta de los pensamientos en el momento en que surgen y ser capaz también de darse cuenta de su conexión con las sensaciones y emociones.

De este modo, también el paciente, a medida que se va aumentando la capacidad de ver las reacciones problemáticas en su formación y disolución, se va haciendo más capaz de liberarse de condicionamientos y automatismos no deseados.

Sabina Pastor Núñez

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