En qué consiste la mediación penal

La mediación, tan antigua como el conflicto, nació junto con la socialización de los hombres. En países como China, se ejercía a través de los comités populares de conciliación y en Japón, de gran tradición mediadora en sus leyes y costumbres, el líder de una población se transformaba en mediador para ayudar a sus miembros a resolver sus diferencias, sin recurrir al litigio.

Si avanzamos hasta tiempos actuales, podemos observar que se ha producido una expansión en la Unión Europea del concepto de mediación a través de diferentes textos. Centrándonos en la mediación penal, son varias las recomendaciones del Consejo de Europa que ponen de manifiesto la importancia de fomentarla, entendida ésta como la participación en la resolución del conflicto penal, tanto de la parte ofensora como de la víctima, y de todas aquellas personas que se puedan ver afectadas.

Estos avances en Europa se ven reflejados en nuestro país donde la mediación se encuentra cada vez más en auge, aumentando su aceptación, tanto por parte de los operadores jurídicos, como de la sociedad, en concreto las partes, que obtienen de este proceso un medio de solución del conflicto más rápido, más duradero, y más justo, al ser ellas mismas las que llegan a la solución de forma voluntaria y consensuada.

Un ejemplo es el proyecto piloto que se está desarrollando en la Comunidad Valenciana con el objetivo de ofrecer a las víctimas, órganos judiciales y demás operadores jurídicos la posibilidad de resolver el conflicto mediante un proceso de mediación, así como reducir las cargas de trabajo de los órganos judiciales y por consiguiente, conseguir una justicia más ágil y rápida.

Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de Mediación Penal? Si buscamos una definición actual encontraremos que la Mediación Penal consiste en la participación voluntaria del imputado por un delito o falta y de la víctima o persona perjudicada en un proceso de diálogo y comunicación conducida por un mediador imparcial, con el objeto fundamental de conseguir la reparación adecuada al daño causado, y la solución del conflicto desde una perspectiva justa y equilibrada para los intereses de las partes.

Pese a los beneficios descritos y a los intentos de expansión, la mediación se ve restringida por parte de la doctrina, que no encuentra que este medio encaje en un sistema donde el ius puniendi solo es potestativo del Estado, entendiendo como irrenunciable esa facultad en favor de las partes, sobre todo en el caso de los delitos más graves.

Sólo es en el caso de las infracciones cometidas por menores, donde existe una base legislativa para la mediación. La LORPM incorpora por primera vez en la legislación española los principios de , centrando sus esfuerzos en la reeducación del menor infractor, potenciando ésta con la reparación del menor hacia la víctima. Se trata de dar una segunda oportunidad al menor que reconoce el mal de su acción.

El modelo imperante es el denominado de las “cuatro des”: despenalización, desinstitucionalización, desjudialización y Derecho Penal Justo, el cual, opino, podría desarrollarse también en la resolución de muchos de los delitos cometidos por adultos, teniendo en cuenta que la reparación de la víctima no debe fundamentar la renuncia a la imposición de pena, sino la necesidad o no del castigo, porque éste haya perdido su función o su sentido. Por ejemplo cuando la justicia se ve demorada en el tiempo, la pena puede que ya no le aporte ningún aprendizaje al infractor, y sí un trance desagradable para la víctima el tener que revivir lo sucedido.

De ahí la necesidad de acudir a un medio que complemente al actual, que resuelva la situación de manera más rápida y dando protagonismo a las partes.

Mediación penal y Criminología

Cuando hablamos de Justicia Restaurativa y Mediación Penal debemos hacerlo desde una visión multidisciplinar, compuesta por profesionales con experiencias, técnicas y métodos variados que aportar en beneficio del delincuente y la víctima.

En base a esto, la figura del Criminólogo no debe ser desechada, al resultar un pilar importante en el conocimiento de la realidad del delincuente así como sus necesidades.

La Criminología no sólo puede prevenir infracciones, sino que una vez resueltas, es desde esta ciencia desde donde debemos conocer y estudiar al delincuente y a la víctima para trabajar con ellos la resolución del conflicto.

Lo que es más, la mediación penal del Siglo XXI podemos integrarla como una ciencia más de la Criminología, que restaure las relaciones interpersonales cuando la pareja criminal; víctima y victimario, han tenido un encuentro dando  lugar a un hecho delictivo, y que tiene como consecuencia el inicio de un proceso penal.

 

Alba Moreno Ibán

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