El ciberbullying

Hoy vengo a hablar de una de las consecuencias negativas que podría tener el mal uso de las tecnologías, tan ampliamente utilizadas por niños/as y adolescentes en nuestros días.

El ciberacoso o ciberbullying supone una nueva forma de acoso desarrollada en su mayoría en el ámbito escolar que ha ido en aumento, lo que resulta alarmante desde un punto de vista social (Garaigordobil y Martínez- Valderrey, 2014) y se define como un conjunto de comportamientos agresivos llevados a cabo a través de tecnologías interactivas (INTECO,2012). Se practica a través de distintas vías como los mensajes de texto, las llamadas telefónicas o la difusión de imágenes y/o vídeos por móvil, correo o internet. Es una forma de acoso, hay una intención de hacer daño al otro, se medita respecto a la idea de hacerlo y conlleva un desequilibrio de poder entre la persona acosadora y la víctima. Además, el anonimato del que puede hacerse servir a través de las tecnologías lleva a el/la menor que ejerce el acoso a tener una sensación de impunidad.

Es importante resaltar que el problema no solo se da entre acosador/a y acosado/a sino que concierne al entorno social en el que se produce, en este caso el grupo de iguales (los compañeros/as de clase y colegio/instituto) así como los/las profesores/as y la familia.

Ante este hecho cabe hacer una llamada al papel que los padres pueden ejercer para controlar este problema tanto si el menor es la víctima como si es el acosador/a. Es necesario estar atento a las señales que se puedan manifestar. Resulta evidente que padecer ciberacoso, así como cualquier otra forma de acoso, va a tener unas consecuencias negativas sobre todo en la víctima por lo que se puede encontrar en la consulta, un caso de estas características. Me parece, por tanto, pertinente alertar a los padres sobre las señales que podrían estar indicando un problema de este tipo. Es probable que el menor presente alguna de estas características: un estado emocional negativo, ansiedad, indefensión, tristeza,  autovaloración negativa, aislamiento, distanciamiento, ideas suicidas, temor a ir a la escuela, evitación de la escuela y problemas de concentración lo que afectaría a su rendimiento escolar, entre otras. (Centro de Estudios Jurídicos y de Formación Especializada del Departamento de Justicia de la Generalitat de Cataluña; Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos, 2016). Con ello, considero que los padres tendrían que tomar medidas, primero comunicándose con los hijos y las hijas, generando un espacio de confianza que les permita expresarse. Tras ello, en cualquier caso, se debería optar por contactar con un profesional de la psicología frente a psicólogo que trate de intervenir en el problema.

Es un fenómeno que se debe tener en cuenta en el momento en que los menores comienzan a utilizar las tecnologías. Por ello hay que trabajarlo desde el inicio y concienciar tanto a hijos e hijas  como a padres de que el ciberacoso es una realidad que se puede vivir y, por ello, se hace necesaria una prevención. En el ámbito escolar, al que se viene haciendo referencia en este escrito, se me ocurre la idea de desarrollar talleres durante las clases de tutoría centradas en el ciberacoso, actividad que ya está puesta en marcha en algunos colegios de nuestro país. En estas sesiones se debería procurar que los alumnos y alumnas tomen conciencia del ciberacoso, empezando por informarlos sobre el uso y los riesgos a los que se exponen. Sobre todo, centrar un programa de prevención, desde un punto de vista psicológico, en el que se trabajen habilidades sociales, manejo de emociones, la autonomía y el desarrollo de relaciones interpersonales “sanas”, aspectos que de no desarrollarse adecuadamente se consideran el caldo de cultivo para un futuro ciberacoso (o acoso de otro tipo). En otras palabras, se debe formar a niños/as y adolescentes en su educación moral para que aprendan a autorregularse y puedan mantener relaciones que se basen en principios justos y universales (Avilés, 2006; Avilés, 2012).

Astarté, Gabinete de Psicología, tiene profesionales expertas dando respuesta adecuada a las necesidades descritas.

Citas:

-        Avilés, J. M. (2006). Bullying. El maltrato entre iguales. Agresores, víctimas y testigos en la escuela. Salamanca: Amarú.

-        Avilés, J. M. (2012). Manual contra el bullying. Guía para el profesorado. Lima: Libro Amigo.

-        Centro de Estudios Jurídicos y de Formación Especializada del Departamento de Justicia de la Generalitat de Cataluña. Análisis y abordaje del acoso entre iguales mediante el uso de las nuevas tecnologías. Recuperado de: http://www20.gencat.cat/docs/Justicia/Home/%C3%80mbits/Formaci%C3%B3,%20recerca%20i%20docum/Recerca/Cat%C3%A0leg%20d%27investigacions/Per%20ordre%20cronol%C3%B2gic/2012/An%C3%A0lisi%20i%20abordatge%20de%20l%E2%80%99assetjament%20entre%20iguals/ciberdelicte_cast.pdf

-        Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos. (2016). Medidas psicoeducativas para la convivencia escolar. Recuperado de: http://www.psie.cop.es/uploads/documentacion%20general/Medidas%20Psicoeducativas%20para%20la%20Convivencia%20Escolar.pdf

-        Garaigordobil, M. y Martínez-Valderrey, V. (2014). Cyberprogram 2.0. Programa de intervención para prevenir y reducir el ciberbullying. Madrid: Pirámide.

-        Instituto Nacional de Tecnología de la Comunicación (INTECO) (2012). Guía de actuación contra el ciberacoso. Padres y educadores. Recuperado de: http://xuventude.xunta.es/uploads/Gua_de_actuacin_contra_el_ciberacoso.pdf

 

Maria Di Girolamo Martí. Psicóloga en prácticas en Astarté.

 

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