LA FALSA PERFECCIÓN DE LAS REDES SOCIALES Y LA AUTOIMAGEN

Mirar a la otra persona y pensar que su vida, su cuerpo, su belleza o su ropa es mejor que la propia es un hábito muy frecuente que siempre ha existido. Sin embargo, la creciente Revolución Tecnológica y el uso de redes socialesestá provocando efectos devastadoresen la autoestimay en la imagen personal.

Instagram-la creciente y poderosa plataforma social de difusión de imágenes-, nos bombardea cada día con fotos de influencers, marcas o revistas que nos recuerdan constantemente que no somos lo suficientemente personas atractivas, estilosas o adineradas.

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Altas Capacidades y Rendimiento Académico

Las personas con altas capacidades sufren en su adolescencia juventud una disintonía social por la diferencia entre su edad mental, precozmente desarrollada, y lo que su entorno (familia y escuela) espera de ellas, como son los comportamientos típicos de su edad cronológica.

Esta divergencia entre lo que se espera de los niños niñas con altas capacidades debido al comportamiento real propio de su edad cronológica les produce una presión social denominada Efecto Pigmalión negativo. La disincronía que sufren estos niños/as y jóvenes puede provocarles sufrimiento, ya que su desarrollo intelectual, emocional y social no es similar a sus iguales. Sigue leyendo

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NO SABIA QUE PONERME Y ME PUSE FELIZ

¿Quién no desea estar en un estado de plena felicidad?, ¿A quién le gustaría vivir una vida fuera de sufrimiento? Como veis, la felicidad es un estado que todos anhelamos y hacemos lo posible para conseguirlo mientras que al mismo tiempo huimos de todo aquello que nos pueda producir malestar.

Parece que esta sea la clave de la felicidad, buscar placer mientras se evita cualquier dolor. Pero ¿podemos conseguir una felicidad duradera a través de la búsqueda constante de “cosas” que deseamos? Hoy en día la mayoría de las personas pensamos que la felicidad consiste en comprar o conseguir cosas que pensamos que necesitamos, ya sea el último modelo de móvil, cualquier artículo de ropa que vemos en un catálogo o página web, ese pastel que observamos a través del escaparate, entre otras cosas. Afortunadamente sabemos que no es así, un ejemplo de ello lo encontramos en los mismos niños cuando reciben los regalos de los reyes magos, donde la felicidad que les produce los regalos es momentánea, les hacen caso escasos días y después lo dejan olvidado en un cajón del armario.

A nivel psicológico la obtención de estos bienes nos produce placer debido a la recompensa inmediata que recibimos de ellos. Esto es, según la literatura neurocientífica, tras un estado de “antojo” se produce un aumento de la actividad de un neurotransmisor como es la dopamina en una parte del cerebro (núcleo acumbens), así la activación de este sistema es lo que nos da placer y, como consecuencia, volvemos a querer o necesitar ese placer (Ekman, Davidson, Ricard & Wallace, 2005).

Cabe resaltar la idea de que la felicidad que depende de la búsqueda de placer es momentánea, no está asociada con el placer a largo plazo y en definitiva con la felicidad duradera. Así, podemos diferenciar dos tipos de felicidad o dos estados psicológicos diferentes:

La felicidad a corto plazo está relacionada con el hedonismo que, tal como se ha mencionado, se trata de maximizar los placeres y evitar los disgustos. Por tanto, esta felicidad siempre dependerá de las cosas o situaciones que nos den placer, no de nosotros mismos y, como ya sabemos, este estado no puede perdurar en el tiempo ya que no está en nuestras manos asegurar que todas las situaciones que se nos presenten al largo de nuestras vidas sean positivas y estén alejadas del sufrimiento.

En cambio, la felicidad duradera o auténtica no depende de las circunstancias, sino que depende de nosotros mismo. Es la persona la que cuenta con los recursos internos necesarios para tratar con lo que viene en su camino. Se entiende como una manera óptima de ser, un estado de plenitud duradera basada en una calidad de conciencia que subyace a cada experiencia, emoción y comportamiento. Así mismo nos permite abrazar todas las alegrías y el dolor con los que nos enfrentamos, es decir, sería un estado duradero que podría mantenerse a pesar de las dificultades que nos encontramos a lo largo de nuestras vidas. (Dambrun & Ricard, 2011).

Esta última concepción de la felicidad se encuentra relacionada con el enfoque eudaimónico donde la verdadera felicidad implicaría identificar las virtudes de uno mismo, cultivarlas, y vivir de acuerdo con ellas. Se tarta de desarrollar lo mejor de nosotros mismos, y utilizar estas habilidades y talentos en el servicio de bienes mayores, incluyendo el bienestar de otras personas o la humanidad (Peterson, Ruch, Beermann, Park & Seligman 2007).

Bibliografía

Dambrun, M., & Ricard, M. (2011). Self-centeredness and selflessness: A Theory of Self-Based Psychological Functioning and Its Consequences for Happines. Review of General Psychology, 15 (2), 138-157.

Ekman, P., Davidson, R. J., Ricard, M., & Wallace, B. A. (2005). Buddhist and Psychological Perspectives on Emotions and Well-Being. Current Directions in Psychological Science, 14 (2), 59 – 63.

Peterson, C., Ruch, W., Beermann, U., Park, N., & Seligman, M. (2007). Strengths of character, orientations to happiness, and life satisfaction. The Journal of Positive Psychology, 2 (3), 149-156.

Autora: Melania Oliva Hernández 

Psicóloga en prácticas Astarté. 

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ESCUCHA. TU CUERPO HABLA.

¿Alguna vez has rendido menos en el trabajo a causa de una preocupación que te estaba afectando emocionalmente? ¿Alguna vez te ha dolido la espalda, la cabeza, o te has sentido cansada o cansado tras una experiencia emotiva para ti? El estrés, y la ansiedad nos afecta en toda su globalidad, y a veces, incluso, nos desborda, hecho que propicia la aparición de nuevos problemas, que, a su vez, generan más ansiedad.

Nadie duda que hay que acudir al médico cuando algo nos duele para recibir el correspondiente tratamiento, con la finalidad de mejorar nuestra salud. Sin embargo, cuando se trata de aspectos psicológicos y emocionales, encontramos dificultades para acudir al profesional. De hecho, acudimos a distintos especialistas en diferentes ocasiones y sea cual sea el nivel de gravedad.

La condición que marca la diferencia parece clara: acudiremos al médico cuando el dolor interfiera en nuestro bienestar. Sin embargo, parece que buscar ayuda en términos psicológicos sea el último recurso y que sugiera gravedad. ¿No nos hemos dado cuenta ya de que el estrés, la ansiedad, o ciertos problemas emocionales necesitan de nuestra atención, y que saber afrontar y adaptarnos a lo que tenemos es crucial para que nos sintamos mejor?

Aunque tremendamente necesarias en determinadas ocasiones, las pastillas no regalan estrategias de afrontamiento. Por eso, cuando no puedas dormir, cuando te duela algo, o cuando no sepas cómo afrontar una situación, pregúntate qué estás sintiendo. Y entenderás mejor lo que te pasa.

Por eso, cuando ese malestar te genere nuevos problemas, acude al especialista. Porque la psicóloga o el psicólogo, trabajarán contigo para abordar lo que te pasa, y mejorar tu bienestar. No es necesario que sea grave. A veces, un ínfimo dolor en el meñique, nos impide caminar.

Atender a lo que sentimos, y cuidarnos a nosotras y a nosotros mismos es clave para que todo nos vaya mejor. Sobre todo, porque, aunque las cosas no cambien, nosotros y nosotras, sí podemos cambiar. Y sobre todo también, porque en realidad, las cosas sí cambian. Y nunca estaremos dos veces en el mismo río, como decía Heráclito. Y ante ese cambio, la vida nos pide, que sepamos estar, y adaptarnos.

No nos enseñaron en el colegio a trabajar lo emocional. Y todo trabajo requiere tiempo, y toda educación, necesita una guía sobre la que sepamos que nos podemos apoyar.

Por eso, escúchate cuando tu cuerpo habla, y cuida tu bienestar.

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LAS REDES ¿SOCIALES?

Tenemos claro que cuando una serie de síntomas interfieren en diferentes áreas de nuestra vida (estudios, amigos, trabajo), nos hallamos ante un problema que debe ser tratado. ¿Lo tenemos tan claro cuando hablamos de redes sociales? ¿Cuántas veces han interferido en nuestro tiempo de estudio? ¿Cuántos conflictos nos han surgido en nuestras relaciones personales a falta del contacto cara a cara?, ¿Cuántas veces hemos dormido de menos a la luz de nuestro Smartphone?

Parece que ha llegado la hora de reflexionar sobre el uso (o abuso) que le damos a estas herramientas. Esta vez el aviso no nos llega en forma de notificación. Pero admitámoslo, la alarma sí está sonando.

Soledad ya no es sentir la falta de apoyo o cariño de los demás. Soledad ahora se llama tener pocos likes y perder o no tener followers. Esa es la verdadera desaprobación social.

Lo que ocurre detrás de esas muchas fotos con “nosécuántos” mil me gustas que inundan nuestros ojos con un simple deslizar, es que están disfrazadas de “falsa felicidad”. Mira qué healthy y cuqui como. Mira, esto es de la tienda “nananá”. Este producto me deja la piel perfecta; esto no es Photoshop, qué va.

Tras una serie de minutos de más, nos hartamos de ver vidas tan geniales, cerramos ventana y abrimos otra diferente. Hablemos pues, de Facebook, de esas noticias y fotos que se comparten con tanta facilidad. Solo cabe recordar una cosa: Las opiniones cambian, nuestras publicaciones permanecen. Sí, incluso después de borrarlas.

Y entre malentendidos, interpretaciones erróneas, e intenciones equivocadas, nos hemos tenido que inventar los emoticonos para darle expresión al whatsapp. Pero no, no es nuestra cara. No nos estamos expresando de verdad. Parece que por mucho que nos empeñemos, la vida virtual tiene poco que ver con la real.

Y entonces, ¿qué podemos hacer? ¿qué nos queda? Mirar, sentir, querer, y COMPARTIR. Abraza, respira, camina por la montaña, mira a los ojos a los demás, lee, crea tu propio ambiente, y relájate. Compártelo. Pero no, no con todos ellos. Sino contigo y con esas personas que sabes que están. Las que te dedican tiempo del de verdad, las que quieren compartir contigo sus errores, y sus aciertos, y les da igual tu foto de Instagram.

 Autora: Cristina Expósito Álvarez . Psicóloga en prácticas Astarté 

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