Psicología Infantil

La psicología infantil se ocupa del estudio del comportamiento del niño, desde su nacimiento hasta su adolescencia y se centra en el desarrollo físico, motor, afectivo, cognitivo, perceptivo, y social.

Algunas de las dificultades en las que interviene son: el fracaso escolar, el maltrato, los problemas emocionales, el abuso sexual o los problemas de incontinencia. Los trastornos psicológicos más comunes entre los niños/as son los vinculados al sueño, los terrores nocturnos, los miedos en general, la alimentación, la actividad (hiperquinesia, tics) y el lenguaje (tartamudeo, afasia...).

Es importante acudir al psicólogo/a cuando se está viviendo una crisis importante en el seno familiar, cuando el niño o la niña tienen problemas en el colegio, problemas con sus compañeros/as, cuando está deprimido o cuando la personalidad y conducta ha cambiado de forma radical.

La psicología educativa estudia cómo se desarrolla el aprendizaje en las personas teniendo en cuenta las diferencias, es decir, las distintas características y capacidades que cada persona posee. Estas diferencias pueden observarse claramente en la inteligencia, la creatividad,

la motivación o la capacidad de comunicación, etc.

La motivación adquiere un papel fundamental en el aprendizaje, teniendo en cuenta las características o experiencias de cada persona, es decir, el nivel de interés que tenga la persona, la voluntad, las creencias o las metas que se desean alcanzar.

Por otra parte, también existen incapacidades que pueden afectar a niños y niñas en edad escolar, como pueden ser el trastorno por déficit de atención y la dislexia, entre muchas otras.

¿Cuándo pedir ayuda? (Leer más)

  • Dificultades en el rendimiento escolar: malas notas, déficit de atención...
  • Tristeza, apatía y desmotivación.
  • Excesiva inquietud, preocupación y/o ansiedad.
  • Miedos, pesadillas y fobias.
  • Ansiedad por separación.
  • Control de esfínteres: enuresis y encopresis.
  • Desobediencia, conducta retadora y rabietas.
  • Irritabilidad, celos, arranques frecuentes de ira y agresión.
  • Dificultades en las relaciones con sus iguales.
  • Dificultades en la resolución de problemas y/o toma de decisión.
  • Cambios importantes en los hábitos de alimentación (anorexia, bulimia, etc.).
  • Frecuentes quejas de dolor físico y/o molestias.
  • Amenazas de irse de casa, de hacerse daño o dañar.
  • Abuso de alcohol y/o drogas.
  • Uso excesivo e inadecuado de nuevas tecnologías.
  • Relación de pareja posesiva y/o tormentosa.

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